En 1945 el macabro espectáculo recreado con el cadáver de Benito Mussolini, colgado por los pies de la marquesina de una gasolinera de Milán, junto a su amante Claretta Petacci y alguno de sus colaboradores, llegó a impresionar al mismo Hitler, quien aceleró los preparativos de su muerte para evitar la vejación. Manuel Gil recrea el trágico instante del colgamiento a partir de plantillas, sprays y óleo sobre un bastidor de DM.