Este extraño espacio compone un laberinto del miedo mineral, vegetal y animal. Javier Herrero exhibe un inmenso collage en que unos punzantes desfiladeros vuelcan sus formas sobre el rostro de un hombre que parece devolvernos una mirada al sesgo y cuyos rasgos nos remiten, nuevamente, a esa violencia geométrica del paisaje.